ZAYMI: “Estaba muy hundida y encontré en la música un lugar para expresarme”

Con una vida atravesada por la adopción, pérdidas y la lucha por la salud mental, esta artista de La Matanza convirtió el arte en su refugio y motor. Hoy, desde el estudio y el barrio, busca inspirar con su autenticidad y flow único.

Crédito de foto: Victoria Bevilacqua.

Tamara Mongelos, más conocida como Zaymi, es considerada una de las voces femeninas más destacadas del RKT y reggaetón realizado en Argentina. Junto a su productor, ELE K y su mánager Sebastián Baez, bajo el sello “Un piso Más Record”, la artista viene desarrollando ambos géneros creando desde la localidad de La Matanza, provincia de Buenos Aires. 

Apodada “la Reyna del Flow”, se destaca por su impronta frontal y directa, que combina con la rapidez y claridad de sus palabras. Su nombre artístico tiene una explicación profunda, cada letra de Z A Y M I simboliza la inicial de una persona importante en su vida. En esta entrevista, Zaymi abre su corazón para contar su historia de superación que emociona y es un ejemplo a seguir. 

– ¿Cómo fue tu primer encuentro con la música?

– Sinceramente, todo lo que tiene que ver con el arte —ya sea música, baile, teatro— siempre me gustó. Empecé primero con la danza: bailé casi dieciséis años. En 2018 tuve un problema en la rodilla, haciendo ballet, y fue muy frustrante porque me iba a recibir de profesora de danza y no pude terminar. Me sentí muy mal. Desde chica también me gustaba cantar, pero no me creía capaz. En 2021 conocí a mi mánager y ahí arranqué con la música de verdad. 

Ya escribía canciones desde los 14 años, pero no me animaba a mostrar nada. Después, conocí a mi familia biológica y descubrí que muchos hacen música. Mi hermano, que vivía en España y falleció, fue un gran apoyo. Me ayudó a confiar en mí, me dio seguridad. Cuando murió, se me cayó el mundo. Pero justo apareció mi mánager, que apostó por mí y me impulsó a soñar en grande. Desde entonces, no paré más.

– ¿Cuántos años estuviste bailando?

– Desde los 3 hasta los 18 años. Di clases también. Recuerdo que una vez tenía tanta gente queriendo venir a las clases que tenía que pedir disculpas porque no entraban. Hoy, todo eso lo aplico a mis videos. Estoy todo un día preparando, mirando cómo sorprender. La danza está muy presente en lo que hago.

– También hablaste sobre tu adopción. ¿Querés contar algo más sobre eso?

– Me enteré a los 16 años. Siempre fui hija única. Mi mamá adoptiva no podía tener hijos y me criaron mis abuelos. Mi abuela fue mi mamá. Hoy tiene Alzheimer, pero todo lo que soy se lo debo a ella. Nunca guardé rencor ni a mi madre biológica ni a nadie. También descubrí que tenía hermanos. Uno de ellos, el que más relación tuve, falleció. Me decía que yo era su princesa. Nunca lo conocí en persona, pero fue un ángel para mí.

– Días atrás estuviste internada. ¿Querés contar algo sobre tu salud?

– Sí. Para mí, salud es salud mental. Muchas veces eso no se ve. Me pasó de estar muy mal, sin saber pedir ayuda. Estuve internada con un brote psicótico, tomaba seis pastillas al día. No pensaban que iba a salir. Pero Dios me dio otra oportunidad. La música me sacó adelante. Estaba muy hundida y encontré en el estudio, con Mati (mi productor), un lugar para expresarme. Estuve como diez meses sin poder hablar. Hoy no consumo drogas. Me siento una privilegiada por estar viva.

– ¿Te sentís referente para otras personas?

– Sí, pero trato de humanizarlo. A veces me pasa que voy a un lugar y no pueden creer que soy yo. Pero soy una persona más. Me costó toda la vida creer en mí. Recién ahora puedo decir que me tengo fe. Y si yo pude, cualquiera puede. Me gusta transmitir eso. No todo es color de rosa, pero se puede salir adelante.

– ¿Cuáles son tus metas con la música?

– Quiero comerme el mundo. Hoy disfruto del proceso. Me encantaría ser internacional, cantar en todos lados. Pero también ir a un colegio de barrio y cantar ahí. Yo no me sujeto solo a hacer cosas grandes. Canto donde sea, siempre que sea haciendo música. Quiero seguir creciendo, disfrutando, creando.

– ¿Qué significa para vos el flow?

– El flow es arte. Cada persona tiene su película, su historia, su estilo. Todos tienen flow, sobre todo en el barrio. Yo crecí en La Matanza y ahí hay mucho talento. El flow es ser auténtico. Sin flow, no sos vos.

– ¿Cómo es tu rutina como artista?

– Voy al estudio dos veces por semana. Tengo cronograma de redes, contenidos, grabaciones. Hago “challenges” de temas nuevos, pero también de canciones mías. Trabajo mucho con Mati, que me propone ideas y me ayuda a componer. Nos inspiramos en el reggaetón, en lo que escuchábamos de chicos. Me cuesta expresarme hablando, pero en la música soy yo. Es mi forma de ser libre.

– Hace poco lanzaste un tema sobre un caso que sucedió en tu barrio. ¿Cómo surgió?

Fue por Thiago, un nene que falleció trágicamente. Pasó muy cerca, mi primo jugaba a la pelota con su papá. Mi productor, que es papá, escribió la canción. Me emocionó y le dije: “Tenemos que hacer esto”. Grabamos en el barrio, pedimos permiso a la familia. Sentimos que era nuestra forma de alzar la voz. No podía dar la espalda. El barrio me enseñó mucho, lo bueno y lo malo. Hay que hablar de lo que pasa.

– ¿Tenés referentes musicales?

– Sí, Daddy Yankee. Es mi ídolo desde chica. Me identifiqué con él porque también viene del barrio. Viví en un monoblock, y muchas veces me juzgaron por eso. También me gustan artistas argentinas como María Becerra, Nathy Peluso y Emilia. Pero nadie me transmitió lo que me transmite Yankee.

Por Flor Sosa

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