LUCÍA CAPUA, DE PILAR A MIAMI: LA INGENIERA ARGENTINA QUE TRABAJA DETRÁS DEL SONIDO DE LA MÚSICA LATINA

Becada por Berklee College of Music y radicada en Miami, Lucía Capua —conocida como Calu— construyó una carrera en algunos de los espacios más importantes de la industria musical. Desde 5020 Studios, el estudio vinculado a Sony Music, participa de sesiones de grabación con artistas internacionales. Ingeniera de grabación, productora, compositora y cantante, busca también darle impulso a su propio proyecto artístico.

Desde Pilar, en la provincia de Buenos Aires, hasta Miami, uno de los principales centros de producción de música en español, el recorrido de Lucía Capua estuvo marcado por una vocación que apareció desde muy temprano. Conocida como Calu, supo desde chica que quería dedicarse a la música. Después de formarse en Buenos Aires, consiguió una beca para estudiar en Berklee College of Music, en Boston, donde cursó Music Production and Engineering y se graduó con honores, integrando la Dean’s List durante sus semestres de estudio.

En 2024, después de completar su formación, se instaló en Miami y continuó construyendo su camino profesional. Actualmente trabaja como ingeniera de grabación en 5020 Studios, el estudio de Sony Music, donde participa de sesiones con artistas de la escena latina e internacional. En su recorrido también figuran experiencias vinculadas a artistas como Shakira, TINI, Bizarrap, Thalía, Paloma Mami, Emilia, Maluma, María Becerra y Trueno, entre otros. Su trabajo combina el conocimiento técnico con una sensibilidad particular para acompañar a quienes se ponen frente al micrófono.

Calu no se define solamente por lo que sucede detrás de la consola. También es cantante, compositora y productora, y desarrolla su propio proyecto musical, orientado al R&B en español y al pop alternativo. En este diálogo habla sobre su formación, la experiencia de trabajar en un estudio de una gran compañía discográfica, las diferencias entre las escenas musicales de Argentina y Estados Unidos, el vínculo humano que se construye durante una grabación y la importancia de insistir en aquello que uno desea conseguir.

—¿En qué momento apareció la idea de dedicarte profesionalmente a la música?

—Desde muy chica se que quiero dedicarme a esto. En el colegio teníamos una orientadora vocacional y, cuando le dije que quería estudiar música, me respondió que no era una carrera. Me sugería otras opciones, como física, pero yo tenía clarísimo que quería hacer música. Me gustaba la física, pero no era lo que quería para mi vida.

Empecé a investigar qué podía estudiar y entré a la EMC, en Buenos Aires. Ahí fui descubriendo el mundo de la producción musical. Me di cuenta de que muchas de las cosas que ya hacía, como crear pistas, grabar covers y componer canciones, tenían que ver con esa profesión. Fue cuando entendí que podía convertir algo que me gustaba desde siempre en mi trabajo.

—Después llegó Berklee. ¿Cómo se dio esa oportunidad?

—Audicioné tres veces. En un momento, durante la pandemia, pude hacer la audición de manera remota, por Zoom. Unos dos meses después me llegó un mail diciéndome que me habían otorgado una beca. Fue una locura. Yo ya había estudiado en Buenos Aires y esa formación me permitió adelantar materias y reducir el tiempo de cursada. Finalmente, pude completar la carrera en aproximadamente dos años y medio.

Mi familia me apoyó muchísimo. Al principio habíamos hablado de probar un semestre y ver cómo me iba, porque mudarme a Boston era un cambio enorme. Pero me fui, empecé a estudiar y seguí adelante.

—¿Qué significó Berklee para tu formación?

—Fue una experiencia muy importante, no solamente por lo académico, sino también por todo lo que sucede alrededor. Tenés contacto con músicos y productores de distintos lugares del mundo, conocés otras maneras de trabajar y aprendés muchísimo de tus compañeros.

Además, trabajé en Stage Crew, que es el equipo que se ocupa de montar escenarios, trabajar con sonido en vivo, luces y producción de espectáculos. Eso también me dio una experiencia muy completa del funcionamiento de la industria musical, más allá del estudio de grabación.

—Después de graduarte, llegaste a Miami. ¿Cómo fue ese paso?

—Me mudé en 2024. Miami me terminó resultando un lugar muy natural porque es un punto de encuentro para la música en español. Están las compañías discográficas, los estudios, los productores, los compositores y los artistas. Muchísima gente viaja hasta acá para grabar, producir o trabajar en sus proyectos.

Para mí, Miami es como una extensión de Buenos Aires en muchos sentidos. Se habla español en todos lados y, particularmente en el estudio, es el idioma predominante. A veces aparece el spanglish, sobre todo con compañeros que crecieron en Estados Unidos, pero la mayor parte del tiempo hablamos en español.

—Hoy trabajás en 5020 Studios, el estudio vinculado a Sony Music. ¿Cómo llegaste ahí?

—Fue algo que busqué durante muchísimo tiempo. Desde que llegué a Miami quería entrar a ese estudio. Estuve un año y medio intentándolo, y todo el mundo me decía que era muy difícil porque hay muy pocos puestos y la gente que trabaja ahí suele quedarse durante años, no hay espacios vacantes. Es un lugar al que muchas personas quieren acceder porque tenés la posibilidad de trabajar con artistas increíbles.

Finalmente lo conseguí y para mí fue una confirmación muy grande. Justo el otro día pensaba que las cosas que uno quiere pueden tardar en llegar, pueden parecer imposibles, pero eso no significa que no se puedan conseguir.

—¿Cómo es tu trabajo cotidiano como ingeniera de grabación?

—En el estudio trabajo principalmente grabando voces. Cada sesión es distinta porque los artistas llegan con sus propios equipos, productores, compositores o colaboradores. No hay necesariamente un productor fijo o un equipo que se repita en todos los proyectos. Cada artista tiene su dinámica y nosotros nos adaptamos a eso.

Mi tarea es registrar la voz, ocuparme de que todo funcione técnicamente y conseguir que la persona que está grabando se sienta cómoda. Pero también hay una parte muy humana y musical. No se trata solamente de decirle a alguien que haga otra toma. Hay que escuchar qué está pasando, entender qué necesita y acompañar para que pueda dar lo mejor de sí.

—En tu caso, haber sido cantante y trabajar también como productora parece darte otra perspectiva a la hora de grabar.

—Totalmente. Creo que es una de las cosas que más me ayudan. Como fui cantante durante gran parte de mi vida y también produzco, entiendo bastante lo que puede estar sintiendo alguien que está del otro lado del micrófono.

A veces te das cuenta de que una persona está nerviosa o incómoda por cómo está cantando, por el tono de voz o por la manera en que encara una toma. Entonces podés sugerirle un cambio, probar otra cosa o simplemente ayudarla a relajarse. Para mí, el trabajo no es solamente técnico. Es ayudar a que la canción llegue a su máximo potencial y que el artista se sienta bien durante el proceso.

—¿Hay diferencias entre trabajar con artistas que tienen distintas generaciones o maneras de grabar?

—Sí, muchísimas. Cada artista tiene sus preferencias. Por ejemplo, hay quienes quieren escuchar la voz de una manera más cruda, con pocos efectos, y otros prefieren escucharla con los efectos de producción que va a tener después en la canción.

Me pasó de trabajar con artistas como Thalía y Elvis Crespo, que tienen una trayectoria mucho mas larga a la de muchos artistas actuales. Y vez la diferencia en quienes prefieren grabar sin Auto-Tune o con menos procesamiento, mientras que otros necesitan escuchar la voz con todos los efectos para poder interpretar. Mi trabajo es adaptarme rápidamente a lo que cada uno necesita.

—¿Qué experiencia te quedó de las sesiones con artistas como Thalía? 

—En las sesiones con Thalía me impresiona muchísimo su profesionalismo. Es una persona que trabaja un montón, tiene un oído increíble y es muy detallista con la grabación. Está muy pendiente de cómo suena su voz y de cada decisión.

En la primera sesión fui ajustando los efectos que ella escuchaba en sus auriculares para que pudiera trabajar cómoda, y entender sus gustos, como toca con cada artista. Son detalles que parecen pequeños, pero hacen una diferencia enorme. Cada artista tiene su manera de escuchar y de trabajar, y uno tiene que entenderla.

—¿Sentís que Miami se convirtió en un centro fundamental para la música en español?

—Sí, completamente. Para mí es el punto de encuentro de la música latina. Sony, Universal y Warner tienen presencia acá, y muchos artistas vienen a grabar, filmar y producir. Es un lugar donde se cruzan constantemente músicos, compositores, productores y equipos de distintos países.

Además, cuando llegan artistas o productores argentinos, se siente algo muy particular. Es como tener un pedacito de Buenos Aires de vuelta. A veces escuchan tu acento y enseguida te preguntan de dónde sos. Y cuando te cruzás con otro argentino en el exterior, aparece esa familiaridad inmediata. Somos bastante así: nos encontramos y es como si nos conociéramos de toda la vida.

—¿Qué diferencias encontrás entre la industria musical argentina y la estadounidense?

—En cuanto a la calidad técnica, creo que Argentina tiene estudios, equipos, micrófonos, instrumentos y profesionales excelentes. No siento que haya una diferencia de calidad entre lo que se puede hacer allá y lo que se hace acá. Hay muchísimo talento y un nivel técnico muy alto en Argentina.

Donde sí veo diferencias es en las condiciones laborales y en cómo se remunera el trabajo. En Argentina muchas veces hay jornadas larguísimas y los asistentes o ingenieros pueden cobrar muy poco. Conozco a muchísimos músicos argentinos que tienen que hacer varias cosas para sostenerse. En Estados Unidos, aunque también hay dificultades, siento que existe un reconocimiento un poco mayor de ciertos roles y de la necesidad de que la gente pueda vivir de su trabajo.

—Además de tu trabajo como ingeniera, tenés tu propio proyecto musical. ¿En qué momento está?

—Mi proyecto se llama Calu. Soy cantante y hago R&B en español y pop alternativo. Saqué una canción en 2021, justo antes de mudarme a Boston, y desde entonces fui acumulando material. En estos últimos dos años en Miami estuve desarrollando alrededor de siete canciones.

Todavía no lancé esa nueva música, pero tengo muchas ganas de hacerlo. Me encanta mi trabajo en el estudio y disfruto muchísimo de ese momento con los artistas, de ayudarlos a desarrollar sus canciones. Pero también quiero que mi proyecto tenga un peso propio en mi vida y que pueda convertirse en otra parte de mi trabajo.

—¿Te imaginás dedicándote cada vez más a tu faceta artística?

—Me encantaría poder sacar mi proyecto como artista y desarrollarlo en paralelo. Creo que son dos facetas que se alimentan entre sí. Todo lo que aprendo trabajando con otros artistas también me sirve para mi música, y todo lo que vivo como cantante me ayuda cuando estoy del otro lado de la consola.

Me gustaría que mi proyecto crezca, que tenga su propio espacio y que también sea parte de mi vida profesional. Es algo que quiero hacer y en lo que estoy trabajando.

—Después de todo lo que recorriste, ¿qué te gustaría conseguir en esta nueva etapa?

—Principalmente, sacar mi música y darle el lugar que quiero. También seguir creciendo en lo que hago, aprendiendo y trabajando con artistas. Pero hay algo que me quedó muy presente de todo este recorrido: las cosas que uno quiere pueden tardar, pueden ser frustrantes y a veces parecen imposibles, pero hay que seguir.

Yo quise entrar a este estudio durante un año y medio. Me decían que era muy difícil y finalmente lo logré. Eso me hizo pensar que muchas de las cosas que uno desea se pueden manifestar si les dedica tiempo y trabajo. Hay que confiar en el proceso y seguir insistiendo.

Por Flor Sosa